No claudicar ante la barbarie en Gaza .La semana empezó mal en Gaza. A las tres de la tarde del lunes el ejército israelí interfirió las radios palestinas. Una voz profunda, amenazadora, leyó un comunicado en un impecable árabe clásico: “A los habitantes del norte de la Franja les anunciamos que vamos a bombardear aquellas casas en las que hayan armas escondidas”.
Pocos segundos después, cerca de donde estoy, el obús de un tanque impacta contra un carro tirado por un burro. Me subo al coche y avanzo a toda prisa hacia allí. Humo, vísceras desparramadas por todas partes, olor a carne chamuscada. Murieron una anciana de 60 años y su nieto de 11 cuando se dirigían a trabajar en el campo.
En el hospital hablo con Nadi Hayiería, el marido de la mujer. Sus amigos y vecinos lo abrazan, lo consuelan. Aturdido me dice: “Hace una hora mi esposa bromeaba con nuestro nieto en casa. Ahora están muertos. ¿Por qué?”. El portavoz del ejército israelí asegura que se trató de un ataque contra combatientes palestinos.
La verdad es que al hospital de Beit Lahya lo que más llegan son niños. Entre ellos, Hitam Taya, una pequeña de siete años que falleció antes de entrar. Según su madre, que me habla entre lágrimas, desgarrada por el dolor, la niña estaba jugando en la puerta de su casa cuando cayó un proyectil.
El día de hoy comenzó mal en Gaza. Una incursión de más de 30 tanques israelíes en el barrio de Ash Shaaf, a cinco minutos del centro de la ciudad. Observo el desplazamiento de los carros de combate desde la terraza de una clínica para niños con problemas cardíacos.
Disparos de ametralladoras, fachadas de edificios que vuelan por los aires, misiles lanzados a mansalva desde aviones no tripulados, civiles atrapados en medio, que intentan huir, ambulancias que tratan de entrar para retirar a los heridos pero que son mantenidas a distancia por las balas.
Me dicen que van a evacuar la clínica pues las fuerzas israelíes avanzan hacia nosotros. Salgo en una ambulancia junto a pacientes, médicos y enfermeros. Entre los arbustos descubro a dos milicianos palestinos que aguardan a las tropas hebreas. No llevan cascos ni chalecos antibalas, apenas un par de viejos AK 47 y una ristra de balas en torno a la cintura.
En el hospital Al Shifa fotografío la llegada de las víctimas del ataque israelí. Son 24 los muertos, entre los que se encuentra Sabah Abu Haleeb, una niña de tres años. Y más de 70 los heridos. Los enfermeros se abren paso a través de la multitud, dando voces, alterados.
Cuando comenzó esta locura éramos un centenar los periodistas que nos congregábamos aquí. Ahora no somos más de diez, la mayoría palestinos de televisiones locales, con cámaras vetustas, de las que se usan para grabar bodas. Los corresponsales extranjeros se han dio al Líbano.
En medio del agobiante calor, vecinos, familiares y amigos, en carros tirados por burros, en coches destartalados, vienen a ver a quienes acaban de ingresar. Llantos, gritos de dolor. La tía de Ibraheem al-Otlah, cámara de la televisión Palestina, que recibió varios disparos esta mañana, llora entre la gente. “La semana pasada asesinaron a mi hijo, ahora hieren a mi sobrino. ¡Paren por favor! ¡Paren ya!”
Regreso por la noche al piso en el que vivo. Pido al encargado que encienda el generador para poder escribir esta crónica. Mientras lo hago, en la televisión aparece Condoleezza Rice, elegantemente vestida, de pie frente a un micrófono, diciendo que, por el bien de la gente del Líbano, no se puede aceptar un alto al fuego que no sea sostenible en el tiempo. Luego salen otros mandatarios que hablan de la situación humanitaria, de la necesidad de que se cumpla tal o cual resolución de Naciones Unidas.
Desde aquí, sus declaraciones, tan contenidas, moderadas, parecen absurdas, imposibles de entender, una claudicación ante la barbarie que está teniendo lugar en Gaza y en el Líbano. Al igual que las versiones oficinales, un insulto a la gente inocente que hoy ha perdido la vida. Y a la que lo hará en las próximas horas, en los próximos días, en las próximas semanas. 27 Julio 2006 documental publicado por Hernan Zin
Heartbreaking Poem of Palestinian Girl - English Subs