MARIA EN PIE DE LUCHA

YA LO HABIA DICHO EN LA ULTIMA ENTRADA, PERO VUELVO A REPETIR, LES ESPERO EN:


MARIA EN PIE DE LUCHA


http://mariaenpiedelucha.blogspot.com


ESTOY EN ESTE NUEVO BLOG, DESDE FINALES DE AÑO. ESTAN INVITADOS A VISITARME Y SEGUIRME EN EL NUEVO BLOG. ESTE BLOG DE IMPRESIONES QUEDA INACTIVO.

Mostrando entradas con la etiqueta Saharauis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saharauis. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de noviembre de 2009

SOBRE LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN. ¿Y LOS OTROS MUROS...?

SOBRE LA CAIDA DEL MURO DE BERLÍN El espectáculo de los 20 años de la "caída" del muro de Berlín es para esconder lo evidente: el fin de la historia era una mentira Pedro Aranda/ unmundoporganar.blogspot.com. http://www.iaburgos.org/
Tres han sido los temas centrales en los medios de comunicación alemanes después del proceso electoral del 27 de septiembre: los acuerdos para la conformación de un gobierno neoliberal CDU (CSU)-FPD, la venta de Opel a Magna, y la celebración de los 20 años de la desaparición del muro de Berlín.
Si bien la tercera cuestión no carece de relevancia histórica, y la caída del muro supuso un acceso a ciertas libertades civiles para millones de personas que vivían bajo un sistema de control burocrático esclerotizado, la realidad es que este entusiasmo por el 20 aniversario ha sido artificialmente espoleado desde medios de comunicación e instituciones gubernamentales, y pretende algo más que celebrar: esconder. La "Ostalgia", un fantasma recorre el este alemán. La extrema derecha también se hace fuerte ante la desesperación social Esconder que un creciente descontento social que arrasa en la Alemania del este, donde tras la caída del muro muchas personas ganaron en libertades civiles individuales pero perdieron en derechos sociales -condición fundamental de la libertad y justicia real, y de la que tanto se olvidan los paladines del neoliberalismo. Se permitió a los burócratas mantener la posesión las empresas estatales del anterior régimen, enriquecerse y vender al mejor postor, destruyendo todo el sistema productivo y la riqueza colectiva acumulada en las pasadas décadas a pesar de las deformaciones burocráticas de la RDA. Un ejemplo más de que cuando la elites pactan transiciones "por arriba", quien resulta perdedor siempre es el pueblo llano. La solución buscada por el gobierno occidental fue un trasvase financiero oeste-este, el mayor de la historia, en un intento de asimilar la economía de la ex-RDA a la de la RFA, pretendiendo crear un mercado libre unificado, de consumo e inversión privada. Se consiguió en términos relativos, pero a unos costes sociales aberrantes, y con una hipoteca de futuro que empieza a pasar recibo en la actualidad. La apuesta de los últimos gobiernos por una economía neoliberal con unos servicios sociales debilitados para el conjunto del país, lejos de mejorar la situación social la empeora, y fomenta un sentimiento anti-este entre las clases bajas y medias de la Alemania occidental, que tienden a culpar a los orientales de parte de los problemas económicos del país. Esta ideología perversa de "separa y vencerás" ha sido programada desde las elites económicas y culturales, y han conseguido crear un imaginario del "Wessi" y "Ossy", términos políticamente incorrectos, pero muy usados y con fuertes connotaciones en el imaginario popular. Mientras se suele asociar a la idea de "Wessi" (ciudadano de la antigua RFA) las nociones de laborioso, dinámico y exitoso, por el otro lado tenemos asociadas a la idea del "Ossi" (ciudadano de la antigua RDA) las nociones de pasivo, vividor de los subsidios estatales, sin iniciativa... Nada más lejos de la realidad. Sencillamente, en las zonas del este hay más precariedad que las ciudades occidentales, menos oportunidades laborales y de promoción personal, y un futuro juvenil mucho más incierto. Eso ha producido en las últimas décadas una masiva migración juvenil y de mano de obra cualificada hacia el oeste, y un más rápido envejecimiento poblacional y ralentización económica de las zonas orientales del país, lo que lógicamente las hace más dependientes de la intervención estatal.
No es exagerado hablar de una ciudadanía de segunda categoría para los antiguos pobladores del la extinta RDA, absorbidos por la Alemania occidental como un mal menor, pero sin un intento real de integración en igualdad de condiciones, incluso con cierto desdén y desinterés por su acervo cultural e historia reciente propia. Berlín es un lugar intermedio bastante interesante en este curioso mapa de reunificación. Durante la época de separación de la guerra fría, ciudad de encuentro de gentes alternativas, artistas, antiguerra... Al ser ciudad en la que se podía escapar de la obligación de realizar el servicio militar propio de la RFA, pero sin interés para las centrales actividades económicas por estar rodeada geográficamente por la RDA. Situada en el centro de la separación simbólica actual, se presenta capital política y cultural pero no de la realidad económica productiva y financiera (que se distribuyen entre Munich, Stuttgart, Frankfurt, Hamburgo, y algunas otras ciudades del sur y oeste). Con un ayuntamiento en bancarrota ("Berlín es pobre pero sexy" dijo su alcalde), una precariedad juvenil y migrante galopante, con un nivel de desempleo reconocido oficialmente mucho mayor que en las otras grandes ciudades alemanas, y una tasa de trabajo sumergido no reconocida que se cifra extraoficialmente en el 30 % de la actividad laboral, cualquier derecho laboral teórico sucumbe ante la situación de facto en numerosos sectores económicos propios de las capas sociales más débiles, agudizando su precariedad vital. Ante esta situación narrada en los párrafos anteriores, en su traducción política, no es de extrañar el éxito del antiguo PDS y actual Die Linke (La Izquierda) en los Bundeslaender (Estados-región) del este del país, sin más pretensiones aparentes que gestionar la miseria en coaliciones con el SPD (socialdemocracia), buscando la situación menos mala, pero sin una alternativa clara al modelo económico imperante. Pero también hay que atender a la fuerza emergente de la extrema derecha, que aprovecha la frustración -y desorganización- social creciente para introducirse no solamente en instituciones (parlamentos regionales y ayuntamientos) sino en las calles, siendo ya peligroso en determinadas ciudades y pueblos caminar tranquilamente por la calle si se pertenece determinados sectores sociales "minoritarios". Y consiguiendo hacerse fuerte en lo que ya se consideran feudos propios, y desde ahí lanzarse a dar soporte logístico a encuentros y movilizaciones de extrema derecha a escala europea, como ocurre en Dresden con la marcha a mediados de febrero en un homenaje neonazi a los caídos al final de la guerra mundial. Después del muro de Berlín ¿El fin de la historia? No, solamente el comienzo del segundo capítulo Quienes se apuntaron de forma oportunista al lema del fin de la historia en tanto lucha de clases propugnado por Fukujama no podían estar más equivocados. Esta campaña propagandística de edulcoración y depurado de la memoria histórica que se desarrolla con ocasión del 20 aniversario de la caída del muro no pretende más que ocultar las problemáticas actuales, y añadir una dosis de droga colectiva extra para ignorar durante algo más de tiempo las consecuencias de una crisis económica que han intentado ser puestas debajo de la alfombra durante la campaña electoral.
Nada que comparar con los países del sur europeo, pero cada vez más familias de clase media empiezan a reducir sus aspiraciones consumistas y las contradicciones sociales empiezan a funcionar por debajo de una calma total aparente. Y en un nivel más profundo y estratégico, intenta conseguir que entre la juventud pese como una losa la idea que todos los intentos de alternativa al sistema dominante acabaron en fracaso... Pero la partera de la historia es tozuda, y empieza a asomar por la esquina de nuevo... y en adelante no va a resultar fácil esconder mediante meras campañas propagandísticas que la realidad cotidiana de millones de personas está cambiando a peor. Los poderosos de hoy tienen miedo de un pasado que fue destruido, reprimido, pero nunca superado. Porque el capitalismo en su forma neoliberal que sufrimos hoy es la misma causa que llevó a producirse las revoluciones socialistas pasadas, aunque estas fracasaran en sus estrategias y chocaran con grandes traiciones y contradicciones internas que las arrojaron al fracaso. Pero los motivos siguen vigentes, esta crisis capitalista lo recuerda, y el fenómeno de la ostalgia (juego de palabras: nostalgia de derechos sociales -pocos pero seguros- de la Alemania del este, RDA) en la Alemania oriental no es sino una muestra de lo que está por venir. El horizonte de la historia se abre de nuevo en Europa, después de 20 años de totalitarismo neoliberal disfrazado de libertad individualista y consumista, al redoble de unos medios de comunicación que ya no comunican sino que desinforman y trabajan codo con codo junto a los grande intereses privados para si perpetuación. Llegan las contradicciones reales de un sistema económico insostenible en el tiempo, destructor de vidas humanas y naturaleza. Vientos frescos del sur vienen de Latinoamérica para recordarnos que vivimos en un mundo más internacionalizado que nunca antes, y que la necesidad de cambio es global. Cuando las elites políticas y mediáticas de los países ricos se conjuran en llenar los telediarios no solamente de fútbol, sino también de spots publicitarios sobre el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, no lo hacen en rechazo al estalinismo (que les vino bien al fin y cabo, con la división del mundo en áreas de influencia) ni en defensa de las libertades y la justicia. Lo hacen para intentar enterrar la memoria de los logros de la Revolución de Octubre, y de la lucha de los movimientos obreros que durante dos siglos mantuvo a las elites europeas en vilo. Lo hacen para extender el desánimo, llamar a la desmovilización social y repetir de forma más azucarada aquello que la Thatcher decía con voz metálica "There is not alternative" (TINA). Lo repiten como si de un mantra se tratara, de diferentes formas y en distintos tonos... tienen miedo. Saben que la historia del capitalismo en su fase neoliberal solamente tiene una final posible, muy bien simbolizado en la escena inicial de película La haine: "Cuando un tipo está cayendo desde la azotea piensa -por ahora todo va bien, por ahora todo va bien- pero llegará el momento en que llegue al suelo y eso es lo peor". Saben que los que nada tienen que perder, que comienzan a ser cada vez más, pueden dar sorpresas. Tienen miedo, y contra eso que temen usan la propaganda masiva. Los muros de la vergüenza alrededor del mundo... ¿Por qué se olvidan de ellos y los silencian? Quedan muchos otros por derribar y un mundo por cambiar Si decimos arriba que esta conjuración no se realiza en nombre de las libertades y la justicia, es porque estos mismos políticos, medios de comunicación e intelectuales que hablan con una boca muy grande exclusivamente de la caída del muro de Berlín como un problema único e incomparable del pasado, se olvidan conscientemente de traer la cuestión al presente y de realizar comparaciones que son obligatorias al hablar de muros políticos en el mundo actual. ¿Cómo al hablar del muro de Berlín y olvidarse al mismo tiempo del muro de la vergüenza que destruye al pueblo palestino? ¿Y el muro que bloquea a los migrantes mexicanos en camino al "libre" mercado laboral estadounidense que al mismo tiempo se permite vender sus productos en México y toda la región? ¿Y el muro de Europa en su forma de sistema Frontex de control de fronteras y centros de internamiento (Guantánamos) para inmigrantes que buscan escapar de la miseria de países esquilmados por los intereses de esas potencias económicas que los rechazan? ¿Y los nuevos muros como los de Ostrovany en Eslovaquia o los campos italianos para gitanos? Estos son los muros del silencio. Construidos contra trabajadores migrantes y minorías étnicas. Muros de policías contra protestas de trabajadores y parados que empiezan a arreciar en diferentes países. Muros construidos para destruir pueblos enteros, como en Palestina o el Sahara occidental. Son los muros de la mentira oficial. Los muros construidos por los ministerios de defensa cuando deberían llamarse ministerios de ataque, los llamados medios de comunicación cuando se les debería llamar de incomunicación. Para hablar de liberalismo y la supuesta libertad que ofrece este sistema, hace falta ignorar y esconder esos muros, olvidarlos. Esos muros que muestran la contradicción flagrante entre la libertad de movimiento de mercancías y la restricción de movimiento de personas. El capitalismo necesita de fuertes muros en su práctica cotidiana; los acuerdos de liberalización económica en el marco de la Organización Mundial del Comercio solamente han servido para privatizar y hundir la calidad de los servicios públicos, y solamente han necesitado como contrapartida que la sombra de la crisis asomara un poco para que los diferentes gobiernos reaccionaran de forma proteccionista con sus propios mercados, poniendo más muros a los productos de países empobrecidos. Está claro que detrás de la épica y absolutización del muro de Berlín está el intento de hacer mirar hacia otro lado, de no querer ver los otros muros sobre los que se sustenta el sistema capitalista victorioso, ese que prometía libertad y justicia a todos los pueblos del mundo. Y que para conseguir esas supuestas bondades no encuentra otra forma que construir barreras físicas y legales para expulsar a migrantes que escapan de miseria, invasiones de países y destrucción del medio ambiente para disponer de materias primas baratas para un mercado mundial de materias cada vez más competitivo. Este sistema necesita de muchos más muros, más grandes y crueles, que cualquier otro sistema que haya existido sobre el planeta. Esto es lo que quieren escondernos dirigiendo todos los focos hacia un muro que ya no existe y cuya realidad actual se reduce a mero reclamo turístico. Reclamo el cual, que si todos los pedazos de muro que se venden en las tiendas del souvenirs berlinesas fueran verdaderos, debería haber sido tan largo como para rodear no solamente una ciudad sino un continente entero. Tal vez esta sea una buena metáfora de la crisis financiera que amenaza con llevarse todo por delante: se pretende vender todo lo más rápido posible, aunque no exista en realidad, y sin preocuparse por los métodos. Son vendedores de humo. Y para vender humo hace falta mucho espectáculo y propaganda. http://unmundoporganar.blogspot.com/2009/11/el-espectaculo-de-los-20-anos-de-la.html

sábado, 23 de mayo de 2009

LA "PAZ" , TIERRA MINADA PARA EL PUEBLO SAHARAUI

GARA > Idatzia > > Eguneko gaiak 36 años del inicio de la lucha armada del Frente Polisario La «paz», tierra minada para el pueblo saharaui
Llevan esperando 36 años, 18 de ellos marcados por movimientos diplomáticos que siguen sin dar su fruto, la independencia. El Frente Polisario realizó el 20 de mayo de 1973 su primera acción armada para reclamar justicia y un país que es suyo. De los Saharauis. Andoni BERRIOTXOA
Tal día como hoy, allá por 1973, un grupo armado revolucionario, al mando de Brahim Gali -ex delegado del Polisario en el Estado español, actualmente delegado en Argelia- y El Uali -primer presidente de la RASD hasta su muerte en 1976 en acto de guerra- atacó el fuerte Janquet Quesat en el entonces Sahara español, dando así comienzo a uno de los conflictos armados más largos de la reciente historia africana. Aquel grupo de 17 hombres, armados con fusiles de principios de siglo, hizo tambalear las políticas colonizadoras del gobierno del entonces presidente franquista Arias Navarro. El pueblo saharaui sufría desde hacía décadas las políticas represivas dictadas desde Madrid. Al mando del general Pérez de Lema, gobernador de El Aaiún, eran frecuentes los interrogatorios y torturas a todo aquel que apoyara o simpatizara con las tesis de Basiri, padre del nacionalismo saharaui, «desaparecido» cuando estaba detenido. Un país rico en recursos naturales como es Sahara Occidental, gracias principalmente a las minas de fosfato de Boukra (la mina más grande a cielo abierto del mundo) siempre tuvo pretendientes colonizadores entre sus vecinos, como Mauritania y Marruecos, que reclamaban las tierras del Sahara bajo pretextos históricos.
Tras la muerte de Franco, y la negativa a conceder autonomía o independencia alguna al pueblo saharaui por parte española, Marruecos mandó a más de 350.000 civiles y más de 27.000 militares a ocupar parte del territorio de Sahara Occidental, que bajo las leyes de la ONU y varios informes del tribunal de La Haya correspondía a los saharauis. Está invasión, conocida como la Marcha Verde, hizo que los saharauis tuvieran que huir desierto adentro escapándose del fosforo blanco y el napalm que lanzaban los aviones marroquíes, y poner rumbo hacia la ciudad de Tinduf (Argelia) donde hoy día viven alrededor de 250.000 personas en campamentos de refugiados. Por su parte Mauritania invadió el tercio sur del territorio, hasta que el Frente Polisario lo venciera en 1979, pero quedando estas últimas tierras bajo poder marroquí. Se consumó así una (otra) traición del Estado español a los saharauis, dando lugar a más de 36 años de conflicto armado.
El muro de la vergüenza Hasta el alto el fuego firmado en 1991, Marruecos fue construyendo un muro que atraviesa enteramente de norte a sur el Sahara Occidental, en total más de 1.800 kilómetros. Aún a día de hoy sigue reforzándolo y ampliándolo, violando partes del tratado de paz. Al este quedan los territorios liberados por el ejército del Polisario, al oeste los territorios ocupados por el reino alauita. Este muro, que fue construido con ayuda de EEUU, Estado francés y Arabia Saudí, tiene como fin, proteger sus intereses económicos en el Magreb, como las minas de fosfato de Boukra, pero divide a la población saharaui en dos, vulnerando así sus derechos humanos y convirtiendo la parte ocupada en la cárcel al aire libre más grande del mundo.
Dentro del muro, atrincherados, están los soldados del ejército marroquí, vigilando constantemente lo que acontece al otro lado del muro, en tierra controlada por el Polisario. Toda una red de alambradas de espino impide el paso a menos de 50 metros. En el espacio entre el muro y la alambrada hay enterradas entre tres y diez millones de minas según los últimos cálculos de la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el referendo en el Sahara Occidental). Con esa cantidad de minas, Sahara Occidental se convierte en uno de los países más minados del mundo. Estas minas, fabricadas en EEUU, Rusia, Estado francés y español, pueden permanecer activadas hasta 30 años y, exceptuando las minas anticarro, están diseñadas para mutilar. A día de hoy aún explosionan minas enterradas en los primeros años de la contienda, convirtiendo a los pastores nómadas que habitan los territorios liberados en una de las sociedades más mutiladas del mundo. Desde hace dos años se suceden manifestaciones pacificas al denominado Muro de la Vergüenza. Este año 2009 organizado por la Asociación de Mujeres Saharauis se realizó una marcha-protesta a la parte norte del muro. Según el cómputo del Polisario, un millar de personas hicieron una cadena humana frente a dicho muro. Solidarios españoles, italianos, vascos y algún que otro francés bajo consignas como «¡Mohammed VI culpable, España responsable!» avanzaron por el inhóspito desierto hasta que miembros de la seguridad saharaui detuvieron la marcha a una distancia prudente del muro, pero siempre bajo la amenazante vigilancia militar marroquí. Fue entonces cuando grupos exaltados de jóvenes saltaron la barrera de seguridad y se dirigieron corriendo hacia el muro lanzando piedras y utilizando como hondas los turbantes que vestían. Gritando «¡Sahara para los saharauis!», derribaron los postes que sustentaban el alambre de espino que separa la tierra plagada de minas. Los miembros de seguridad, poniendo en riesgo sus vidas, perseguían a las personas que se internaban en terreno minado.
Más de uno estuvo a menos de cinco metros de las posiciones marroquíes. La situación se descontroló aún más cuando, atrincherado en sus posiciones, el Ejército alauita comenzó a disparar al aire con ánimo de disolver la manifestación, momento que provocó escenas de pánico. Algunos jóvenes seguían lanzando piedras y los miembros de seguridad, impotentes ante aquella avalancha y apoyados por varios coches que con altavoces pedían calma, y la inmediata retirada del terreno, tuvieron que llamar a los desactivadores de minas de la ONU, previendo lo que podía ocurrir.
No tardó mucho en consumarse la tragedia. El joven saharaui Brahim Hosein Labeid, de 16 años, activó una mina al pisarla, cuando se disponía a lanzar una piedra al muro. Perdió la pierna derecha. Rápidamente, los médicos de la ONU que se encontraban en las inmediaciones lo atendieron aplicándole un torniquete para parar la hemorragia, librándole así una muerte segura por desangramiento. Otros tres jóvenes que se encontraban junto a él fueron heridos, quedando uno de ellos ciego.
Situación actual Tras 18 años de alto el fuego esperando a un referéndum que otorgaría la independencia al Sahara, las cosas no han cambiado mucho. Marruecos sigue enviando sistemáticamente a civiles (colonos) bajo promesas de trabajo seguro, dificultando aún más la labor de la Minurso, para realizar un censo electoral para el referéndum. La población saharaui en los territorios ocupados ve mermados sus derechos día a día, obligando a muchos de ellos a ingresar en el Ejército de las fuerzas ocupantes ante la imposibilidad de encontrar otro trabajo. El otro camino que les queda es el de la inmigración sin papeles hacia las islas Canarias en patera.
La población de refugiados de los campamentos de Tinduf sigue aumentando (ya van por la cuarta generación) esperando a un referéndum que día a día se ve más lejos. El Estado francés apoya a Marruecos y desoye los tratados internacionales (entre ellos el de no proliferación de minas). Las multinacionales sacan enormes beneficios de la situación actual, tanto que hay empresas de EEUU extrayendo petróleo en pozos recientemente descubiertos, bajo licencias de investigación expedidas por Mohammed VI.
La industria armamentística mundial (incluyendo la española) hace su agosto manteniendo al Ejército armado, dentro de un muro que, según estimaciones recientes del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), cuesta tres millones de dólares al día a las arcas del estado de las fuerzas ocupantes.
Mientras, desoyendo cualquier tratado para una correcta descolonización de los territorios, una de las grandes partes en este tinglado que forma el problema saharaui, el Estado español, con Zapatero y Moratinos al frente, sigue vendiendo armas a Marruecos, emulando a Pilatos mira a otra parte, no haciendo más que agravar una situación ya de por sí insostenible.